¿Por qué han sido suprimidos todos los artículos de Néstor Estebenz Nogal en periodista Digital?
No me gustaría estar en la tesitura de quien le toque responder a esta pregunta o más exactamente de quien o quienes decidieron suprimirlos. Explicar sus razones puede ser peliagudo. ¿Por qué suprimirlos todos (46, con un cómputo total de 50mil palabras?)de golpe? ¿Qué hizo, qué pasó? ¿Nadie los leía? ¿Es que sus textos eran incomprensibles, excesivos, incorrectos? ¿Como puede un editor suprimir textos originales sin: 1. Advertir al autor de su decisión 2. dar ninguna explicación pública? ¿Es que los editores digitales hacen ahora lo que antiguamente hacían los que preparaban piras con libros pero simplemente con tres clics y sin gasto de cerillas? El tema es delicado. Mucho más de lo que supone quien ha hecho esos clics. Dar un manotazo y apartar unos artículos del escritorio porque no gustan, lo mismo que tapar las pintadas de las paredes o sabotear los grafitis, destruir bibliotecas, todo eso forma parte del conocimiento histórico. Pero históricamente era la gente de la brutalidad quien se ocupaba de esos asuntos, ahora también lo hace la gente fina de una cultura escrita. Me pongo en la piel del sujeto censurado. ¿Qué ha hecho? ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha dicho? ¿Cual es el problema que ha desencadenado? No hay intelectualidad sin provocación, no hay pensamiento crítico sin romper con corsés y costumbres narrativas. Los textos bajo este nombre eran visitados y leídos a juzgar por las estadísticas proporcionadas por el mismo site con varios sobrepasando los mil, cuota tampoco nada exagerada en esa clase de foros. Algunos se preguntarán por el paradero de autor. Con otros tres clics encontrarán si no estos, otros artículos en otras partes del planeta digital. ¿Qué clase de diabluras puede hacer un autor que escribe, se expresa, argumenta, desmenuza para que se le dé una patada? Tal vez hiciera apología de la violencia de alguna clase o suministrara falsedades informativas. Nada de eso. Simplemente pensaba en voz alta, con textos públicos. Pensar es un delito. Esa es una afirmación axiomática. Lo es cuando remueve conciencias. Las cazas de brujas no han terminado, tan solo adoptan otras formas más discretas. Periodista digital demuestra con este acto, poco democrático y poco deportivo, que la democracia electrónica participativa está muy lejos de ser posible. Está en su derecho de restringir a sus páginas a sus colaboradores, como siempre ha hecho el periodismo tradicional, pero con eso sitúa la misma guillotina de siempre de los viejos tiempos dentro de las posibilidades informáticas de los nuevos. Elimina lo que no le gusta o con lo que no está de acuerdo, a la postre sin decir una palabra, sin dar una excusa, como si las gentes que participaran en el espacio virtual hubieran dejado de ser humanos para quedar reducidos a software automático-reactivo. ¿De qué sirve un espacio digital de debate si quien está en la administración no tiene sensibilidad ni mínima deferencia en resoluciones de exclusión? La exclusión va en contra de la libertad de expresión, pero si aquella no se sustenta en una solida demostración de los errores cometidas por esta, va más allá de ser un simple rechazo para ser un acto censurador y castrador en toda regla. Periodista Digital o quien sea que haya dado esa orden debería reflexionarla y rehabilitar de nuevo esos artículos suprimidos u otros de otros autores si los ha echado también. No parece que las colas de comentarios de sus foros sean precisamente amables ni correctas, ni siquiera intelectuales y sin embargo se les tolera. ¿Es que se prima la ordinariez por encima de la intelectualidad? (Curiosa política editorial).
Siempre hubo índices señalando autores prohibidos. Al menos el índice del Vaticano asumió la responsabilidad de esa lista, que a la larga contribuyó a favor de los mismos autores censurados o no recomendables a la lectura, aumentando su fuerza icónica en sus épocas o arrojando más gente a su lectura. Pienso en la figura de Sartre, tratado como un perversor de los valores occidentales por un periodismo de su época y un proscrito por los custodios de la moral católica. Finalmente la represión termina por ser un poderoso aliado de aquello que reprime en tato que llama la atención sobre eso. Lo prohibido, por otro lado, suele excitar la imaginación y desencadena pasiones. ¿Quién no quiere jugar a los juegos prohibidos? Pero mientras tanto la represión hace daño y mucho, porque ocasiona una grave demora en la difusión de la palabra. Ningunea a quien la tiene y por extensión a todos quienes se puedan sentir identificar o representados con ella. La lista de reprimidos por hacer uso de la libertad de expresión en el campo digital parece que no para de crecer. Estábamos acostumbrados a que eso era más propio de países con rígidas dictaduras que no soportaban las opiniones de sus disidentes. Parece que también pasa en latitudes con educación cívica y con elecciones parlamentarias con sus peleas de gallos entre sus facciones políticas contrarios como corresponde a la sociedad del espectáculo.
Si todas las exclusiones del juego democrático son nefastas, excluir la literatura ensayística resulta más alarmante, es tanto como abogar por la muerte del pensamiento. El ensayo literario no tiene el laboratorio científico coordinado del que obtener la síntesis del ácido ribonucleico, tal como hiciera por primera vez Severo Ochoa de Albonoz,[1]. La lucha por las palabras es algo más complejo porque es una lucha con pero a la vez contra todo el cuerpo lingüístico. Lo bueno del ensayo es que el ensayista comparte la elaboración de su pensamiento en ruta, en el mismo momento en qué va haciendo su camino intelectual y el descubrimiento de sus tesis. Es un trabajo fascinante, personal y compartido, un acto de intimidad público tal vez sobre lo más secreto del alma: la sede del pensamiento, el por qué del pensar y qué pensar. El ensayo filosófico, por añadidura, va más allá de los dimes y diretes de la política-espectáculo de un país u otro (¿de qué va la función hoy?) y enseña a pensar o al menos provoca el pensamiento, mientras que lo otro deja a la lectura sumida en informaciones de lo mismo pensadas para la saturación y el embotamiento, cuando no para un nuevo registro de la alienación dentro del campo de la cultura.
Preguntar la responsabilidad de una exclusión no es una pregunta fácil de responder. Prefiero estar en el lugar de hacerla que no el de contestarla. No adoptaría la posición de excluir a alguien por sus expresiones y sus ideas de un espacio público donde compartirlas siempre y cuando las reglas del juego verbal y del respeto comunicativo fueran respetadas. No creo que los artículos de Néstor Estébenz, de alta calidad disertativa y de alto poder provocativo, cierto, incluso largos, muy largos, que pueden resultar pesados para lecturas desentrenadas, merezcan el tacho de la basura. En todo caso si ellos los merecen, no veo porque no merecerlo el resto de los artículos de los distintos canales del fórum, y así mismo de las otras páginas del resto del periódico.
[1] dept. de bioquímica en la Uni de Oxford. Nació en Luarca en 1905 pero se se nacionalizó norteamericano. Nobel por aquella síntesis.
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